La Navidad, ¿realidad o ficción?

abril 25, 2009

Todos los días paso por aquel lugar e intento ayudarlo de la mejor manera posible, algunos días le doy una pequeña ayuda económica, en otras ocasiones charlo con él, algún fin de semana merendamos en el Café de Indias que se encuentra cercano a la zona…

Rodrigo es un indigente sevillano de 37 años, que se sienta todos los días en el suelo, en uno de los grandes soportales de República Argentina, para pedir alguna ayuda que le sirva para salir adelante, no tiene familia, tiene una pensión por invalidez de 300 euros al mes, duerme en casas de acogidas cuando puede, los demás días duerme en la calle. Es un hombre separado, tiene dos hijas a las que no puede ver, tiene un gran problema, la bebida, y cuando las clases se interrumpieron para dar paso a las vacaciones de Navidad, le comenté que le iba a hacer un gran regalo en estas fechas, pero que a cambio, me tenía que ayudar a realizar un trabajo que el profesor de redacción de la facultad me había mandado para Navidad, se trataba de un reportaje, cuyo tema tenía que ser, navidades sin blanca. Rodrigo se puso muy contento y quedé con él el día 25 de diciembre por la tarde.

 

Llegó el día 24 por la noche, todo aquel derroche de comida y bebida se me estaba haciendo largo, aburrido y pesado. Entre risas y charlas de mis familiares, yo estaba más callado que de costumbre. Por la cabeza se me pasaba a cada instante el nombre de mi amigo Rodrigo, muchas preguntas rondaban por mi mente, ¿qué estaría haciendo?, ¿tendrá frío?, ¿habrá comido?.

La noche avanzaba y cada vez se hacía más pesada, el alcohol hacía mella y las conversaciones cada vez tenían menos sentido. Mi madre me preguntó, ¿qué te pasa?, estás muy serio. El reloj marcaba cerca de las dos de la mañana, me levanté de la mesa, cogí un plato, lo llené de comida y le dije a mi madre que en seguida regresaba. Bajé las escaleras del portal, abrí la puerta del coche, iba nervioso, llegando a plaza de Cuba me extrañó, no lo veía, no estaba allí, mi gozo en un pozo. Me fui a dormir a casa y esperé que llegara el día 25 por la tarde para llevar a cabo nuestro trabajo.

 

Llegué a las seis de la tarde, y Rodrigo estaba allí con su cartón de tinto. Lo encontré más mareado que de costumbre, ¿qué tal amigo?, ayer vine a buscarte, ¿dónde estabas?, a lo que me contestó que estuvo con unos amigos en el parque María Luisa, que hicieron una candela y que pasaron la noche como mejor pudieron.

Le di mi brazo para que se apoyase para levantarse del suelo y nos dirijimos a una cafetería cercana para empezar con la entrevista, pero antes le di su regalo, 25 euros que le dibujó en su cara una gran sonrisa de oreja a oreja.

“Estoy muy mareado hoy, no duermo hace dos días, solo bebo y bebo”, dice. Admite que por culpa de esta enfermedad empezó todo a ir mal, antes de caer en ese infierno, montó una pequeña empresa donde revelaban fotografías, pero comenzó a ir mal debido a su adicción.

“Las navidades son muy duras para mi, ves a los padres con sus hijos, con regalos de todas clases, riendo, felices, y mis hijas…”, exclama entre lágrimas. Caigo en la cuenta que posiblemente me haya equivocado en la elección del día para hacerle la entrevista, pero continuo, cuéntame Rodrigo, ¿qué tal el día de ayer?, ¿qué comisteis?, “juntamos el dinero que teníamos entre unos pocos y compramos algunas cosillas de comer, pero sobre todo de beber, no lo pasamos mal, bebimos whisky, ron, teníamos hielo, tabaco, lo pasamos bien, nos reímos mucho”.

Y ahora, ¿por qué te veo tan triste?, a lo que responde que cuando el alcohol se acaba llega el gran bajón, y es cuando me doy cuenta de la gran importancia que tiene su enfermedad y cambio el rumbo, ¿te regalan cosas en Navidad, Rodrigo?, “bueno, la gente esos días está más amable, dan más dinero, te regalan una sonrisa, eso te hace los días más llevaderos, pero por lo demás los días son iguales que cualquier día del año, más duros por lo que la Navidad supone”. ¿Y tu familia no viene a verte?, “yo fui el culpable de perderla y ya no puedo recuperarla”, ¿Y por qué no intentas curarte?, “lo he intentado muchas veces pero es imposible, no puedo”.

 

De nuevo, sus ojos parecen llorosos, creo que está siendo un poco duro para él y le animo a dar un paseo. Me cuenta que lleva ocho años sin dormir bajo un techo el día de Navidad, y que mientras tenga algunos eurillos al día para comprar sus dos cartones de vino ya se lo pasa bien. Mientras vamos paseando por el río, le hago la pregunta clave, ¿cómo se pasan unas navidades sin dinero?, se queda serio, me mira, sonríe y me dice: “tu ves el río, la calle, las palomas, los árboles, la Giralda, los puentes, esto es maravilloso, este instante de paseo contigo, esta charla, esto no hay dinero en el mundo que lo pague, este paseo y tu compañía me ha hecho feliz el día de Navidad”, me dice.

“Si no tienes dinero nadie te quiere, pero sin dinero la persona que se hace cercana tiene más valor que nada en la vida, y se siente más que toda la vida irreal que existe ahí fuera, llena de regalos que no se sienten, comidas en esta época donde las personas hacen un espectáculo irreal, que no lo sienten”.

 

Llegamos al lugar donde Rodrigo para todos los días,  me da un abrazo fuerte y me da las gracias por el buen rato que había pasado.

Voy andando hacia mi casa pensativo, confuso por lo último que me había dicho aquel hombre, haciéndome muchas preguntas, ¿realmente es verdadera la Navidad?, ¿quién siente la Navidad?, ¿estamos forzados a celebrarla?, ¿por qué cada año que pasa en mi vida en estas fechas me encuentro más melancólico y más desanimado que de costumbre?.

 

Aquel hombre me había enseñado muchas cosas, ese rato con él había significado el tiempo más verdadero en estas fechas. La Navidad se tiene que vivir de otra manera, de una manera más verdadera y real. No hacen falta esas comidas tan exageradas, ni tantos gastos, ni tantos regalos.

Un simple paseo, un café, una charla, algo muy simple se puede convertir en una gran felicidad, sin dinero por medio. Por lo tanto, ahora se que todos los días del año pueden ser Navidad y me hago una pregunta, ¿qué es la Navidad?, ¿realidad o ficción?.

 

 

 

 

 

Este reportaje lo escribí estas últimas navidades y aprendí mucho fabricándolo. Si quereis podeis dejar comentarios de qué pensais sobre mi reflexión.

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